OPINIÓN: La sonrisa de Kanté

N’Golo Kanté es un jugador que gracias a su timidez y humildad no puede tener opositores, su modesta sonrisa me recuerda el sentido más lúdico del fútbol, ese que se juega con los amigos y en la cancha del barrio. A todo le puedo sumar su capacidad para jugar en la mitad de la cancha y  hacernos creer por momentos que es omnipresente.

Más allá de describir lo bien que entiende el juego, destacar su despliegue físico o su precisa ubicación en el terreno de juego, Kanté se ha ganado el respeto de los aficionados gracias a su modesta actitud que raya con la ternura cuando esta sin un balón en sus pies.  El volante francés de baja estatura puede ser el ejemplo vivo de lo lindo que es fútbol en su esencia, ese que crea amistades,que da paso a las risas espontaneas, apodos cariñosos para identificar al compañero, ese mismo juego que no busca los contratos publicitarios cargados de millones de dolares o euros, ni mucho menos ganar seguidores y likes en Facebook e Instagram.

Lo anterior no busca desmentir la condición de espectáculo que posee el fútbol actual, pero si me ayuda a diferenciar al fútbol de alto rendimiento(que tiene mucho de negocio) del fútbol como juego lúdico, sencillo, que se disfruta al momento de encontrar en el un desahogo a la rutina diaria. Aquel espacio donde apostamos el honor y esperamos recibir a la victoria con el orgullo de haber superado en la cancha del barrio al rival de toda vida, ese mismo que cuando acaba el cotejo se transforma en un hermano más, porque esos somo los amantes del fútbol, hermanos unidos por la caprichosa.

N’Golo Kanté  representa la pureza de ese fútbol de barrio, de ese amor que llevaremos para toda vida, que sin importar la camiseta no podemos odiar. Un claro reflejo de esto fue el reconocimiento por parte de sus compañeros de la Selección Francesa y de todo el público que coreo su nombre al compás de una singular canción en la celebración del título obtenido por los galos en el Mundial de Rusia 2018 al compás de una singular canción, mientras que Kanté solo podía sonreír con timidez.

Eso representa la sonrisa de Kanté, el juego que desde niños nos atrapó, ese que algunos no entienden, ese mismos que nos apasiona y nos mueve las emociones más inesperadas. Este impresionante jugador, con su timidez y humildad me recordó la razón de mi amor por el fútbol.