OPINIÓN| Atlético ¿Bucaramanga?

Nos enseñaron que los santandereanos somos aguerridos, trabajadores, frenteros y pragmáticos; que nuestra tierra está hecha a punta de gritos de independencia, de mujeres valientes, de emprendedores audaces; que nacer aquí implica desayunar con carne; ir siempre adelante, ni un paso atrás. También nos criamos junto al Atlético Bucaramanga. Fuimos al estadio a comer paleta, perro y lechona, supimos del Fantasma y el Mísil, de la alegría más enorme y la tristeza más amarga.

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Desde hace un largo (larguísimo) tiempo, algo no cuadra entre ser santandereano e hincha del Leopardo. Se siente que el equipo está lejos de eso que llevamos en la sangre. No representa las charlas con el abuelo o las recochas de colegio. No tiene la más mínima consideración con la historia. Lo desprecia todo. Pareciera que el Atlético es de Bucaramanga porque juega en el Alfonso López. Nada más.

Por eso, antes de buscar el primer campeonato, la institución, el cuerpo técnico y los jugadores, deben encontrar identidad. Nuestra identidad. Se tienen que responder qué significa vestir esa camiseta, qué significa llevarla a Bogotá, Medellín, Pasto o Pereira.

Se tienen que dar cuenta de que el pueblo que los alienta está hecho de tenacidad.

Así, solo así, se siembra la base de todo equipo ganador: sentido de pertenencia. Cuando los jugadores marquen como nos marcaban las mamás para que hiciéramos las tareas en vez de jugar fútbol; cuando los entrenadores exijan como nos exigían los papás con ejemplo y compromiso (“no llore mijo, hágale a ver”); cuando la dirigencia cuide y saque adelante el club como los abuelos lo hicieron con nuestras familias; es porque habrán entendido que el Atlético Bucaramanga significa los valores que heredamos, y que, desde ya, atesoramos para nuestros nietos.

Si no, que no vengan, que no dirijan, que no manden.

JPU